Sábado, Noviembre 27, 2021

¿Quieres ser un mejor padre?¡tenemos unos consejos para ti!

¿Quieres hijos brillantes? ¡Sé un padre brillante!

Padres Brillantes

Norelis Alvarez León
Psicóloga Clínica

Cada generación de padres ha tenido sus propias características, muchos de nuestros abuelos crecieron en los campos arando la tierra o cuidando los animales que daban de comer a numerosas familias de la época, fueron padres estrictos con sus hijos y tal vez, los encontramos un tanto áridos en lo afectivo.

Luego vinieron nuestros padres, con las normas aprendidas nos enseñaron a obedecer por las buenas o por las malas, bastaba una mirada tan sólo para saber qué hacer y qué no, cuándo hablar, cuándo callar y hasta cuándo desaparecer de la escena.

Al recibir el testigo, muchos de los actuales padres se han esforzado por no querer repetir una historia de maltrato, reglas y prohibiciones, de esta manera, numerosos estudios apuntan a que el gran problema de esta generación de padres es la total ausencia de límites, frente a un exceso de juguetes, ropa, paseos, televisores y videojuegos… Estoy segura que en todos los casos, sobraban las buenas intenciones, sólo que creamos un mundo tan artificial para los niños que hemos comprometido su desarrollo emocional, su creatividad, su capacidad de correr riesgos y equivocarse, el jugar a la pelota y correr, el soñar y maravillarse con la vida. Olvidaron el arte de hablar de ¡sí mismos!

No basta entonces tener buenas intenciones, hace falta una generación de padres comprometidos con adquirir herramientas y hábitos que transformen y enriquezcan a los niños, adolescentes y jóvenes de este mundo de hoy. “Los hijos no necesitan padres impresionantes, sino seres humanos que hablen su lenguaje y sean capaces de penetrar en su corazón” (Augusto Cury).

Desde hace algunos años, el Dr. Augusto Cury ha venido desarrollando en Brasil, profundas investigaciones acerca de las inteligencias multifocales y es a partir de éstas que queremos compartir los 7 hábitos de los padres brillantes:

Padres Brillantes1- Los buenos padres dan regalos, los padres brillantes ofrecen su propio ser

Todo buen padre o madre se ocupa de complacer, dentro de sus posibilidades los deseos de sus hijos, les compran regalos en navidad, cumpleaños y otras fechas. Los padres brillantes entregan algo incomparablemente más valioso: Su propio ser, el libro abierto de su vida y de su historia, con las lágrimas incluidas, con los sueños realizados y también los no cumplidos, dejándoles conocer el puesto central que ocupan en este libro, que sus nombres no están a pie de página o en un solo capítulo, sino que atraviesan y marcan pauta en la historia. Hablar de sí mismos es, a su vez, educar la emocionalidad de nuestros hijos. Una vez una madre llorando desesperadamente me preguntaba ¿pero qué tengo que hacer? ¿Cómo puedo aprender a ser madre? Y simplemente le respondí: ¿sabes besar? ¿sabes abrazar? ¿sabes decir te amo?... Recuerden: ninguna técnica de psicólogo alguno funcionará si el amor no funciona.

2- Los buenos padres nutren el cuerpo, los padres brillantes nutren la personalidad

Todo buen padre o madre está atento continuamente a que sus hijos se mantengan bien alimentados. Los padres brillantes fortalecen la emoción y la capacidad crítica, saben que sus hijos estarán expuestos a una sociedad cargada de un estrés que enferma y a una sociedad que les puede hacer ver problemas incluso donde no los hay, que les acompleja respecto a sus cuerpos y muchos de nuestros jóvenes lo viven y lo sufren en silencio. Un niño fue traído a consulta porque aun habiendo sido muy “tímido” durante toda la escolaridad, un día golpeó fuertemente a un compañero de clases. En medio de la conversación el niño soltó el llanto, para decir luego que estaba cansado de que ese compañerito se burlara de él porque tenía las orejas grandes. Transmitan fuerza y seguridad a sus hijos, no en los puños sino en el alma. Los padres brillantes no forman héroes, sino seres humanos conscientes de sus límites de sus propias fortalezas.

3- Los buenos padres corrigen errores, los padres brillantes enseñan a pensar

Muchos padres en su afán de perfección (o en su miedo a fallar como padres) se dedican a criticar a sus hijos y juzgan a la persona más que a los comportamientos, así los niños almacenan todos estos calificativos y al llegar a la adolescencia, tiempo de definir la propia identidad, salen a relucir todas aquellas conductas y emociones que expresan el convencimiento de que efectivamente ellos son lo peor. Los padres brillantes educan para la reflexión y para la creación de nuevas actitudes. “Los buenos padres le dicen a sus hijos: “estás equivocado”. Los padres brillantes dicen: ¿Qué te parece tu comportamiento?”

4- Los buenos padres preparan a los hijos para los aplausos, los padres brillantes preparan a sus hijos para los fracasos

Es muy bueno estimular a nuestros hijos para el éxito, pero no podemos olvidar decirles que no siempre lograrán lo que se propongan y ello no significa fracasar sino aprender de una experiencia menos gratificante, lo importante es entrenarles para correr riesgos, no pretendamos preservarles de toda caída porque así sus piernas no se fortalecerán para el camino de la vida, así la voluntad ha de hacerles perseverantes en sus metas y sensibles para que sepan descubrir la belleza que se oculta en las pequeñas flores y acaso también en las hojas secas del camino. Recuerda: si no le enseñas hoy a tus hijos a sobreponerse al fracaso, llegará un día que se los enseñe la vida y tal vez ya no te encuentres tan cerca como para levantarles de la caída.

5- Los buenos padres conversan, los padres brillantes dialogan como amigos

-“¿Hablaste con él? -¡Sí! -¿Y qué te dijo? –bueno, realmente nada, sólo me escuchó”... Cuando conversamos transmitimos información respecto al mundo que nos rodea, nuestros puntos de vista, nuestras posiciones frente a las cosas. Cuando dialogamos hablamos sobre el mundo que somos, sobre lo que nos habita en el interior, compartimos nuestras experiencias y abrimos el corazón al otro. Es urgente que padres e hijos adquieran el hábito de sentarse a dialogar, dándoles la libertad de hablar de sí mismos, de sus preocupaciones y dificultades. ¿Le has contado a tus hijos tus sueños más importantes, tus mayores alegrías, tus más profundas decepciones? ¡No preguntes! Empieza por hablarles de ti.

6- Los buenos padres dan información, los padres brillantes cuentan historiasPadres Brillantes

Me impresionan siempre las casas con grandes bibliotecas, tal vez porque amo la lectura, pero nuestros hijos necesitan más que abundante información, necesitan que sus padres sepan contarles historias. No tengan miedo de parecer ridículos por inventar historias. Puedes enseñar mucho hablando poco y tus hijos te escucharan siempre con novedad y no con la actitud de cansancio que produce “el mismo sermón de siempre”. Cambia la técnica, no necesitas gritar o agredir, no respondas con agresividad ¡Detente!

7- Los buenos padres dan oportunidades, los padres brillantes nunca desisten

Este hábito trasciende los límites de la paciencia y la tolerancia, puede que tus hijos ciertas veces te decepcionen, no sean lo que tú esperas (tampoco tienen que serlo), un padre brillante está convencido de que su hijo es un gran ser humano en camino de aprendizaje, deben lograr mirar aún aquello ni el propio niño, adolescente o joven logra ver. Largos años he pasado escuchando el corazón de muchos adolescentes que se sienten incomprendidos o inservibles, el rostro se les ilumina y la vida les cambia cuando logran descubrir que en realidad tienen potencialidades, que pueden dar más, ser distintos y descubren que llevan dentro un tesoro que habían logrado ver con sus propios ojos. Esto es realmente transformador.

Ser padres brillantes no es ser padres perfectos, sino ser seres humanos en contacto consigo mismos, conscientes de sus propias debilidades y flaquezas, tomando en las manos la fuerza para transformarse a sí mismos, capaces de entregar a sus hijos una luz que les ilumine durante todo el camino y la fuerza más grande que posee el ser humano que es la fuerza del corazón: la capacidad de amar y ser amados.


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